Salud, Arsenal

Posted by Gonzalo De Feliche on junio 25, 2012 with No comments
 El caminito de hormiga un día tuvo su fruto. Aquella ilusión de Julio Humberto Grondona que junto a vecinos de Sarandí fundaron el club, creció, se formó y se agrandó (al igual que "El Jefe"). Corría enero de 1957 cuando se creó la criatura, Don Julio y su hermano Héctor se cargaron la responsabilidad de armar una institución bien desde el fondo, sin recursos. Hoy es campeón por primera vez del fútbol argentino.
 Humilde, con pocos hinchas de entraña, inició su recorrido en la quinta categoría del fútbol argento. Entró en la D en 1961 y salió subcampeón, al año siguiente ascendió a la C. Allí se coronó en 1986, Grondona ya era primer hombre hacía varios años en AFA. En el 92 le ganó en Zonal Sudeste a Alvarado de Mar del Plata y llegó a la B Nacional cumpliendo aquel sueño barrial. Pero no quedaría ahí, después de participar en todas las divisionales, el cielo más preciado estaba cerca. 
 Luego de merodear diez años con buenas y malas actuaciones, llegó la divinidad. Ascendió a Primera en 2002 y se fue asentando en la máxima categoría. Sin embargo nunca se conformó con sólo permanecer y empezó a entrar en las discusiones de arriba. Un hombre quedará en el pico más alto de la cronología del Arse: Gustavo Alfaro. Desde su llegada en 2006 al Viaducto no paró hasta lograr sus cometidos. Cuando tuvo que poner el pecho logró salvarlo del descenso, no obstante, antes grandes labores, logró meter al conjunto de Sarandí en Copas Internacionales. Allí se produjo su primer logro rompiendo todos los pronósticos: la Copa Sudamericana 2007. Este título lo llevó a Japón a disputar la Copa Suruga Bank, que reunía a los campeones de la Sudamericana y la Copa de Japón, donde le ganó a Osaka Gamba por 1 a 0. Aunque el trofeo era menor y el rival no era prestigioso, el Arse se dio el lujo de los grandes y dio la vuelta en tierra nipona.
 La buena tarea continental y local lo depositó en la Copa Libertadores de América de 2012. La institución, paso a paso, lentos y correctos, conquistaba objetivos. Era su primera vez, y aunque no desentonó, se despidió en primera fase. Este fue el semestre en que desde el silencio, y quizás beneficiado por que sus rivales y aspirantes peleaban otras cosas además del Clausura, se laureó de toda la gloria.
 El esfuerzo tuvo recompensa y este fue el mejor año de su historia. Le sacó provecho a sus posiblidades. Forjó una defensa sólida, rigida (apenas le convirtieron 15 veces), con un arquero experimentado y  dos centrales jóvenes que denotan su gran futuro. Mantuvo equilibrado su mediocampo que asimismo se desenvolvió perfecto en ataque (gran cuota goleadora de Jorge Ortíz) y la veloz capacidad atacante de Luciano Leguizamón (5 goles) y Emilio Zelaya (6) cumplieron su ideal. Desde un sereno Alfaro, que ordenó y conjugó un plantel sin estrellas a un equipo batallador y contundente. Ganó cuando debía (esencial el triunfazo en la Bombonera) y se blindó cuando lo necesitó. Cosechó 11 victorias, 5 pardas y 3 caídas. 30 aciertos a favor y 15 en contra. Mantuvo la calma, jamás especuló, tenía la decisión de quebrantar las predicciones.
 Felicitaciones, Arsenal. Comienza otro camino ahora.